lunes, 7 de marzo de 2011

Una razón para abolir el día de la mujer....

EXISTIÓ UNA CIVILIZACIÓN EN LA QUE LAS MUJERES TUVIERON IGUALDAD DE DERECHOS - HOMENAJE AL DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER**

de Amigos Celtas, el Lunes, 07 de marzo de 2011 a las 19:16
 Nadie habla, porque no conviene, que existió una civilización en Europa  Occidental[i] la CELTA, que antes y en los comienzos de la era cristiana, la mujer no conoció de feminismo, ni machismo, ni matriarcado /patriarcado, y por supuesto, menos de tener la necesidad  de  luchar por sus derechos, sus espacios.
Vivían en un sistema de igualdad de derechos y deberes como los hombres.
Desde el nacimiento ambos sexos eran criados juntos, recibiendo la misma educación cultural y espiritual, compartían sus juegos, así como el aprendizaje de oficios y eran igual de garridas al momento de entrar en guerra.
Entre los derechos que luego el derecho romano y el cristianismo se ocuparon de prohibir y por sobre todo censurar en la historia universal, estaban:
  • El derecho a elegir a su hombre, nadie podía imponerle un casamiento. Que las leyes celtas incluían renovación del contrato matrimonial, al año de haberse casado.
  • Que existía el “divorcio” con repartición de bienes equitativos. Manteniendo cada uno sus bienes propios y repartiendo los que hubiesen incrementado durante el matrimonio.
  • Que el divorcio no era algo vergonzoso o mal visto por el resto de la sociedad, así como el concubinato o lo que hoy conocemos como tener una amante durante el matrimonio.
Entre los registros del historiador Diocasius,[ii]  y también lo toma Julio Cesar en sus relato sobre "La guerra de las Galias", refiriéndose peyorativamente  a la costumbre  de compartir una mujer entre varios hombres. Lo  documentando  es una entrevista entre Julia Domna, esposa del emperador Severo[iii]  y una mujer caledonia. La patricia habla sobre la libertad con que las mujeres de su pueblo conceden lo que los celtas llamaban "la amistad de los muslos". A lo que la caledonia (celta) respondeque los modos de su pueblo son superiores a los de los romanos puesto que en su pueblo todo se hacía de una manera directa y abierta. Ellas, las mujeres de su pueblo podían juntarse descaradamente con el más magnífico de los hombres mientras que las romanas, con el secreto que sus falsos valores que la respetabilidad imponía, tan sólo podían encontrar amantes entre aquellos a quienes no arredraba complacerse en alianzas furtivas,  os dejáis ser seducidas en secreto por el más vil o por quien más pague por vos... "
La “amistad de los muslos” consistía en la libre elección de un hombre de su agrado, para aparearse, sin moralinas, ni tapujos y sin conllevar con ello ninguna responsabilidad por parte de uno o del otro. Sin que esto implicase juzgamiento alguno por el resto del clan o tribu.
  • La mujer administraba sus bienes, comercializaba, podía iniciar causas legales si fuese necesario.
  • Al tener el deber y el derecho de recibir educación,  las mujeres, al igual que los hombres, llegaban a ejercer la medicina;  y según su capacidad y vocación alcanzaban los rangos de druidesa, poetiza, legisladora, educadora, jefe militar, comerciante, instructora en lucha y en armas, llegando a obtener el jerarquía de “Mujer Sabia”.
  • Tenían mucha dignidad, eran trabajadoras incansables, alegres de por sí, voluntariosas,  porque ello formaba parte de su tradición, al igual que el ser una bravía para enfrentar tanto la dureza del trabajo del campo, cuidado del ganado, sembrado o el rigor de la lucha.
  • Poseían la virtud de actuar como fieras ante la adversidad o las obligaciones y luego convertirse  en seductoras “sirenas encantadoras” a la hora del amor. Del descanso o de las fiestas.
  • Coquetas por excelencia, obsesivas por su limpieza personal  (convengamos que se le atribuye a los celtas el invento del jabón) y estética personal. Expertas en la generación de diferentes cosméticos para dar color a sus pálidos rostros. Tenían especial cuidado en la elección y diseño de sus prendas, que ellas mismas confeccionaban y adornaban,  en forma recargada, con los más diversos objetos en piedras, oro o bronce. Excesivas al igual que los hombres en el uso de elementos de joyería, como collares, pulseras, anillos, adornos para el cabello.
Lamentarse por lo que pudo ser y no fue, de poco sirve. Pero no puedo dejar de cuestionarme sobre ¿Cómo hubiese sido la historia de la humanidad si el tipo de sociedad céltica hubiese predominado?
Al menos queda el consuelo que hasta más allá del siglo XV, en Irlanda, la mujer logro custodiar su independencia e igualdad con el hombre, manteniéndose emancipada y valorada por sus cualidades. Situación que en gran parte perdura.
Por último, investigando la historia de las grandes mujeres, de los últimos siglos, por, “casualidad o causalidad”,  coinciden en tener herencia y genética celta. Un ejemplo solo de Argentina,  Eva Perón y María Estela Martínez de Perón provienen de genética céltica. Camila O´Gorman, Cecilia Grierson, María Elena Walsh, Madame Lynch (Paraguay) y si nos trasladamos  a Europa tenemos desde Juana de Arco hasta las Presidentes de Irlanda, la musa inspiradora de las teorías de Engels y Marx, la amante de Luis XV, etc. hay una extensa lista de mujeres “diferentes” que hacen honor a su herencia céltica o influencia céltica [iv].
¡Qué increíble! , pensar que fueron las únicas mujeres de la historia que no supieron de feminismo ni machismo, que no tuvieron que luchar por sus espacios. Y como se ocultó su historia.
Por último, un dato más, la rebelión de mujeres en la fábrica textil Cotton de New York, donde fallecieron calcinadas 146 mujeres, estuvo encabezada por mujeres inmigrantes irlandesas es decir celtas.
 Creo que las CELTAS merecen un espacio especial en el  Día Internacional de la Mujer, puesto que es una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia. Se merece ser conocida la historia de quienes fueron libres por siglos.
Susana Shanahan
Periodista y escritora
Especializada en temática Céltica e Irlandesa


[i] Comenzaron a habitar en el centro y el norte de Europa  2.000 años antes de Cristo. Extendiéndose entre el 1.500 y el 900 a.C. por las Islas Británicas, norte de Francia, parte de Suiza y norte de Italia, llegando a  España en el 800 a.C. [i]Podría considerarse que su periodo de mayor expansión fue entre el siglo III y el I a.C. Aunque en lugares como Irlanda permaneció por varios siglos mas[i].
[ii]Dión Casio (150-225 d. de C.)
[iii] Severo (193-221 d. de C. )
[iv] Se puede incluir a la madre Teresa de Calcuta por la influencia recibida de la cultura celtica ya mezclada con la católica. Es que desde  pequeña fue educada en un convento en Irlanda y ella misma declaro que fue ahí donde comprendió que existía  de otra manera la religión y la misión en la vida que debía llevar. Desde una libertad de acción, y nivelación de la guerrera y la pacifista.


**Tomado de:
http://www.facebook.com/Brujer#!/notes/amigos-celtas/existi%C3%93-una-civilizaci%C3%93n-en-la-que-las-mujeres-tuvieron-igualdad-de-derechos-h/10150102892856263

domingo, 6 de marzo de 2011

Un texto de Juan Domingo Argüelles

Educación y lectura en México:
una década perdida
Juan Domingo Argüelles
En los programas educativos y culturales de los últimos diez años en México (todo lo que va del siglo XXI; el período, hasta hoy, de las administraciones del Partido Acción Nacional), el “problema de la lectura” ha sido, al igual que en los gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional, más una bandera política que una verdadera preocupación social y cultural.
Pero, en el caso de los gobiernos panistas, de lo que hablamos es de una década perdida para el cambio educativo y el desarrollo cultural de México. La alternancia en el poder creó expectativas ilusorias: expectativas que no debieron ser tales –o, al menos, no tan optimistas– si se hubiera partido de un análisis real de lo que han significado, y significan, en todo el mundo los gobiernos de derechas.
A final de cuentas, el PRI y el PAN han sido protagonistas de una rediviva, y recargada, película tragicómica: Uno miente, el otro engaña, y todo acaba en una disparatada confusión de identidades.
Pero hay algo más obvio. La derecha nunca ha apreciado la cultura escrita e impresa como un medio de emancipación. Antes por el contrario, le preocupa que esta cultura propicie esa emancipación que va siempre aparejada al cuestionamiento del autoritarismo y a la crítica del poder. La derecha ha estado siempre más cerca del dogma y de la censura que del conocimiento y la libertad.
En el tema de la cultura escrita (ya sea impresa o digital), los gobiernos, en general, pero especialmente los dos últimos en México, asumen que la lectura de libros tiene como fin básico “estudiar” y “pasar exámenes” para sacar carreras y hacer currículos que conduzcan al “éxito” (cualquier cosa que se quiera decir con esto). Creen que la lectura es un asunto exclusivamente instrumental y escolarizado, y no la ven como un bien intangible que desarrolla el humanismo y favorece la autonomía, el espíritu crítico y la recreación de sentido a partir de las ideas que encierran los libros.
Si bien los gobiernos del PRI tuvieron la misma concepción utilitaria de la lectura, la verdad es que sus programas dejaban escapar, en su laxo ejercicio del control cultural (puesto que la cultura les importaba un bledo), esa posibilidad de la lectura gratuita o de la gratuidad de la lectura y, en general, de la cultura, todo eso que la visión y la misión autoritarias de la derecha (ya sea seglar o clerical) obstaculizan o, por lo menos, no favorecen ni fomentan porque contradice sus dogmas ideológicos.
La lectura como un acto no utilitario, soberano y al margen de las evaluaciones escolares, más bien le preocupa a este tipo de gobiernos, y la lectura como un ejercicio formativo de autonomía ciudadana le alarma especialmente.
Para los gobiernos, en general, pero en particular para los gobiernos de derechas, el valor de la lectura está asociado siempre al currículo escolar y al prestigio profesional. La lectura sin recompensa curricular se torna sospechosa: cosa de vagos y hedonistas, probablemente de contestatarios y seguramente de inconformes.
Si comparamos cómo estábamos hace diez años y cómo estamos hoy en la cultura nacional, veremos que algo también puede ser nada, puesto que algo se ha hecho. En la comparación, los panistas ni siquiera pintan, pues –con mucho– fue más lo que, sin entusiasmo ni propósito, los gobiernos priístas “dejaron pasar”, que lo que los panistas hicieron, o quisieron hacer, para convencernos de que la cultura formaba parte importante de sus preocupaciones.

Ilustraciones de Huidobro
Y no porque los priístas hayan sido más cultos, sino porque eran más políticos y sabían de este oficio un principio elemental: el político gana más cuando pierde (o cuando cede al ciudadano) un poco de su poder, que cuando todo lo constriñe al despotismo de su ideología. No pierde gran cosa y sí gana, en cambio, fama de liberal y hasta cierta popularidad. Una cosa es que fueran calculadores, y hasta cínicos, y otra muy distinta es que hayan sido tontos.
Los gobiernos del PAN, en cambio, no acostumbrados a gobernar, creen que su “ideolatría” debe asumirse, e imponerse, como religión, y en ello se empeñan, a grado tal que hasta se enorgullecen de su analfabetismo no ya sólo funcional sino también ético, educativo, cultural, artístico, etcétera.
El ex presidente Vicente Fox, por ejemplo, se vanagloriaba no de leer libros, sino de leer nubes: seguramente no más de 2.9 nubes al año. Todo un récord para un lector de nubes que siempre estuvo apoltronado en los nimbos, cirros y cúmulos y que jamás bajó a la realidad de este país en ruinas. Se fue como llegó. Sólo una cosa cumplió: seis años.
Como la leyenda urbana decía que en México se leía medio libro al año por persona y luego se supo que el índice de lectura es de 2.9 libros per capita anual –según la Encuesta Nacional de Lectura que encargó el Conaculta y que publicó en 2006–, tanto el gobierno de Vicente Fox como el de Felipe Calderón se abocaron, a través de la Secretaría de Educación Pública, a componer y, por supuesto, “mejorar” las estadísticas.
De “Hacia un país de lectores” se pasó a “México lee”: dos programas que se diferencian muy poco entre sí, porque están diseñados con el mismo propósito de atacar lo cuantitativo. La derecha no entiende que la lectura no es sólo un asunto de números. Pero, si de números habláramos, es obvio que el índice de lectura no puede estar mejor que el salario mínimo o los niveles de inseguridad, desempleo y criminalidad.
Lo más reciente que se les ha ocurrido es trasladar la obligación de leer a los hogares y que los padres lleven la cuenta de las palabras que sus hijos leen por minuto, según la tipología establecida en un documento sin pies ni cabeza (Estándares Nacionales de Habilidad Lectora) que, desde sus primeras líneas, revela que fue redactado por alguien que escribe mal porque lee mal: “Mamás y papás, fomentar la lectura en casa mejora la educación de sus hijos.” ¿Qué tipo de oración es ésta? ¿Puede alguien que redacta así ayudar a comprender la lectura?
Hace más de medio siglo, A. S. Neill (autor del clásico de la pedagogía Summerhill) afirmó que la lectura “temprana” y “rápida” es un fetichismo “educativo” de quienes no tienen mucha idea del desarrollo normal de los niños: ni se pueden adelantar etapas, ni se puede ir más rápido nada más porque así convenga al sistema educativo.
Es la misma opinión de Michael Duane, en Educación por la democracia (1970). Más aún, Duane sostiene lo contrario de lo que, por décadas, ha venido alentando el Estado mexicano como políticas educativas y culturales: “La solución, para que el alfabetismo sea universal, no son mejores técnicas para enseñar a leer ni mejorar los métodos de adiestramiento de los maestros, sino los cambios sociales que causarán el efecto de hacer que la lectura sea tan esencial para la vida normal de toda la gente como lo es en la actualidad para las clases medias.”
En otras palabras, no es la lectura la que conduce, casi abstractamente, a la mejoría social, sino ésta (en todas sus vertientes: económica, productiva, educativa, artística, etcétera) la que conduce a la necesidad de la lectura como uno de los elementos esenciales que fortalecen precisamente esa mejoría social.
El 12 de diciembre de 2010, en Proceso, Marta Lamas señaló lo pertinente: “La capacidad para leer no se mide por la rapidez con que enunciamos las palabras, sino que se adquiere a medida que se ejercitan las habilidades de percepción y cognición. Como la lectura es una actividad de producción de sentido, y no un concurso de carreras, lo importante no es la velocidad, sino usar la cabeza.”
Pero “usar la cabeza” no es cosa que se les dé muy seguido a quienes preparan y diseñan estos programas que están hechos únicamente con lo que Dios les da a entender. En el asunto de la lectura, el sistema educativo mexicano está más cerca de los charlatanes que venden humo y velocidad (¡cien páginas en ocho minutos!) que de los pensadores y científicos (Neill, Bettelheim, Piaget, Vigotsky, Chomsky, etcétera) que recomiendan un ejercicio formativo, intelectual y espiritual que no se reduzca a la creación de hábitos.
La cultura exprés, memorística, cuantitativa y epidérmica, es lo que caracteriza a una ideología educativa que no enseña a pensar ni mucho menos a cuestionar, sino a memorizar y a repetir, para competir, en la arena del egoísmo, y del egotismo, por falsas y ridículas supremacías, incluido, por supuesto, el “oprobioso” índice de lectura.***


***Tomado de:
http://www.jornada.unam.mx/2011/03/06/sem-juan.html